Tan solo hace un par de años descubrí el pomodoro, no el ingrediente culinario con nombre italiano que en nuestro idioma traducimos por tomate, sino la técnica de gestión de tiempo ideada por Francesco Cirillo, terminando la década de los años 80, y a la que dio nombre en base al temporizador de cocina con forma de tomate que se utiliza para evitar que se nos olvide que tenemos que apagar el fuego.
Su funcionamiento es muy sencillo: el tiempo se organiza en intervalos de 25 minutos que llamamos pomodoros. Transcurrido ese tiempo se realiza un descanso de 5 minutos y realizamos otro pomodoro. Cada cuatro pomodoros se hace una parada un poco más larga, de 15 a 30 minutos.
Esto permite que nuestro cerebro pase del modo concentrado durante el pomodoro, al modo difuso durante los descansos. En contra de lo que mucha gente piensa, durante esos períodos de distensión nuestro cerebro sigue trabajando en aquello en lo que hemos estado concentrados, permitiéndonos asimilar los conocimientos o las prácticas que hemos trabajado o incluso ofreciéndonos soluciones a problemas complejos en los que nos hemos podido estancar durante el modo concentrado.
En mi caso empecé a ponerlo en práctica hace dos años, cuando me apunté a clases de bajo y de batería. Como os podéis imaginar, incorporar dos nuevos instrumentos a la ocupada agenda de la vida diaria no es cosa fácil, teniendo en cuenta que tengo familia con cuatro hijos, trabajo de profesor (con el tiempo en casa que conlleva fuera del horario lectivo), además de tener otras aficiones que también consumen tiempo. El caso es que conseguí practicar casi todos los días ambos instrumentos, además de la guitarra, y logré avanzar bastante y realizar numerosos ejercicios de forma efectiva y eficiente dedicando tan solo una hora diaria, un pomodoro para cada uno.
Los veinticinco minutos del pomodoro pasan volando cuando estás concentrado y sabes que solamente dispones de ese tiempo. La concentración es máxima y eres capaz de estructurar el tiempo con gran eficacia. Particularmente trato de realizar ejercicios de cinco a diez minutos. Pongo un ejemplo:
- 0-5' - Calentamiento
- 5-10' - Escala pentatónica mayor y menor en posición 2
- 10-15' - Escala pentatónica mayor y menor en posición 4
- 15-20' - Acordes cercanos basados en sistema CAGED
- 20-25' - Improvisación utilizando las escalas y los acordes estudiados
En el caso de la práctica de un instrumento no es muy productivo estar un día media hora con una escala, por ejemplo, sino que es mejor practicar todos los días durante intervalos de tiempo más cortos. De esa forma el cerebro asimila los esquemas y los movimientos de forma progresiva y firme. A la vuelta de unos días te percatas de que el aprendizaje es tremendo.
La técnica se puede aplicar a cualquier ámbito de estudio y consigue engancharte si lo haces respetando los tiempos de concentración y descanso. Se puede probar con otras duraciones, aunque en mi opinión los 25 minutos son ideales ya que, como digo, se pasan volando y evitas llegar a cansarte y desanimarte.
Hay aplicaciones para dispositivos móviles y para ordenador que van emitiendo un clic cada cinco minutos y una alarma cada vez que finaliza un período. Yo utilizo BeFocused en su versión gratuita, la cual es muy sencilla de utilizar y es una de las mejores aplicaciones que tengo en el ordenador.
Si quieres mejorar el aprovechamiento de tu tiempo te recomiendo que pongas en práctica los pomodoros, no pierdes nada y sin embargo, tienes mucho que ganar.

